POBRE RICO

18.09.2010 11:13

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Cierta vez un acaudalado padre de familia llevó a su hijo a un viaje por el campo con el firme propósito de que este viera cuán pobres eran ciertas personas y comprendiera el valor de las cosas y lo afortunados que eran ellos.
Estuvieron un día y una noche en la granja de una familia campesina muy humilde. Al concluir el viaje, ya de regreso a casa, le preguntó a su hijo:

- ¿Qué te pareció el viaje?
- ¡Muy bonito, papá!
- ¿Viste qué tan pobre y necesitada puede ser la gente?
- Sí.
- ¿Y qué aprendiste?
- Vi que nosotros tenemos un perro en casa, ellos tienen cuatro. Nosotros tenemos una piscina, ellos tienen un riachuelo sin fin. Nosotros tenemos lámparas importadas en el patio, ellos tienen las estrellas. Nuestro patio llega hasta el muro de la casa, el de ellos hasta el horizonte. Especialmente, papá, vi que ellos tienen tiempo para conversar y convivir en familia. Tú y mamá deben trabajar todo el tiempo y casi nunca los veo.

El padre se quedó mudo y el niño agregó:
- Gracias, papá, por enseñarme lo pobre que somos, y lo ricos que podríamos llegar a ser.

Muchas veces no valoramos lo que Dios nos ha dado, tenemos grandes riquezas espirituales que muchos desean tener. El solo hecho de respirar, mientras otros aunque tienen mucho dinero tienen que comprar un tanque de oxígeno para vivir; la paz, el gozo, la seguridad en Dios, el poder levantar nuestras manos y adorar a Dios, la vida eterna; son cosas que no tienen precio. Valoremos todas estas cosas que Dios nos ha dado, porque al final todo pasará pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre.

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